lunes, 23 de marzo de 2009

Blanco y negro

El miércoles me levanté temprano, puse la radio como siempre y al poco rato comprobé que me había equivocado de año. O de siglo. Las paredes del baño se volvieron grises y los números digitales de la emisora se habían transformado en diales que giraban para encontrar mejores noticias. Pero no hubo suerte. El agua de la ducha no me dejaba oír bien el boletín informativo. Salí a la calle y los trenes eran más o menos los mismos, sólo que en blanco y negro. Alguien en ese vagón de cola comentaba que bien merecido se lo tenían, echando una mirada aviesa a mi carpeta verde-Autónoma.
En la Facultad se organizaba la huelga y alguien repartía folletos. Al día siguiente los papeles hablaban de disturbios y sobre todo, de antidisturbios. El telediario de la noche entre soso y distraído enseñaba imágenes de las cargas policiales. Seguí pensando que era cosa mía, otra vez estaba fuera de siglo. TVE se limitaba a contar lo sucedido en aquel punto en que el estómago pide una condena a, por ejemplo, las agresiones a periodistas, la brutalidad policial o las cargas indiscriminadas contra estudiantes y transeúntes. Todo muy en blanco y negro.
Sólo la variedad del mando a distancia me recordó que vivimos tiempos mejores. Gabilondo alzaba desde Cuatro una tímida reprimenda, una condena por las agresiones a los compañeros informadores. Disidencia controlada, algo es algo. Al menos dio voz al Col·legi.
Mientras, las cámaras perplejas en el suelo, delante de la Generalitat, pedían explicaciones y recibían disculpas. Disculpas por las brechas en las cejas, por los golpes, por la humillación que supone que un uniformado no te deje trabajar, como antes, como ahora en muchos lugares del mundo. Nuestro país, uno de ellos.
Me metí en la cama deseando despertarme en el s.XXI. A ver si hay suerte.

jueves, 12 de marzo de 2009

Algunas fotos apuntan más hacia dentro que hacia afuera

Algunas fotos apuntan más hacia dentro que hacia afuera. Ahí van algunos ejemplos.

En Mostar hay un barrio llamado Luka.
En él los gitanos albinos piden en las calles y una pasa con su cámara y del modo más cobarde le roba una foto, antes o después -no recuerdo- de darle una moneda, como si eso sirviera de algo o borrara la mala conciencia de haberle robado la foto sin preguntarle ni como se llamaba o cuánto tenía el niño o si me daba su permiso para fotografiarla.







¿Turismo de guerra? Sólo unas píldoras de posthorror con euros en el bolsillo, teleobjetivo, moleskine y billete de vuelta. Este es el aspecto que presentan la mayoría de edificios en los barrios de las afueras de Mostar.



Otras nos desnudan, como un acto reflejo , disparamos.
Los muros mostaríes piden libertad para Palestina.











En Ravno, un pueblo enclavado en el Valle de la Muerte, cuentan que los croatas quemaban las casas abriendo el gas y tirando una granada o prendiendo una vela en el comedor. Ese que se ve ahí es el resultado, pero nadie me respondió a si eso era una práctica exclusivamente croata.





















En el cementerio de Srebrenica a los muertos encontrados en el último año se les distingue de los muertos recuperados anteriormente por el color verde de sus tumbas. ¿Hasta cuándo va a seguir creciendo el número 8.372?

















Al lado de la fábrica de Potocari, en Srebrenica, se encuentra el edificio de las Naciones Unidas. Ahí estaban los cascos azules que debían proteger a la población.
La mayoría de esos cascos azules tenían mi edad o eran algo mayores y como buenos jóvenes sentían la necesidad de pintar las paredes. Cabe suponer que esas pintadas las hicieron ellos, en la primera se desprecia a las muchachas bosnias, alguna mano tiempo después tachó el bosnias y escribió serbias. ¿Reconciliación? Tal vez no lo escribieron los cascos azules. En la otra vemos el símbolo de la ONU, esta vez sí, tal como lo veían esos jóvenes.

[Todas estas fotos fueron tomadas en agosto de 2008]

domingo, 22 de febrero de 2009

Poesía a borbotones

Sonaba Invisible y un haz de luz iluminaba una silla vacía. Sólo la banda en el escenario y el Palau expectante. Casi 2000 personas buscaban al Giraluna -el aforo de la sala de conciertos estaba prácticamente lleno-, se reunían a contracorriente para repasar los clásicos que ofreció Luis Eduardo Aute en un concierto enmarcado en el BarnaSants.
Pronto se adivinó la silueta del cantautor sobre el escenario, con chaqueta de cuero, vaqueros y una copa de tinto que se iba llenando al paso de los acordes. Empezaba el recital con un guiño al público, hablándole en catalán -algo que gusta mucho en Barcelona-.
El rostro de Aute es lo más parecido a una cama deshecha, sus pliegues destilan versos, cada surco es un pretexto para la contemplación. El cantautor llenaba con su voz el palacio modernista y en sus ojos brillaba la ironía con la que destripaba la realidad a caballo de cada canción, como todos los que buscan la Belleza entre lo real y lo obsceno, Aute arrancaba las sonrisas de un público complaciente.
Generoso en tiempos de crisis, ofreció tres horas de concierto en las que viajó por todos sus clásicos. Cual sabio forjado en nuestro tiempo, entre aforismo y aforismo, señalaba que cada cosa tiene su contrario, “por ejemplo: Dios, que como son tres tiene tres contrarios. Uno es Rouco Varela, el otro Escrivà de Balaguer y el tercero, el Papa”. Poesía siempre como herramienta. Conjugando forma y fondo con maestría. Paladeando cada sílaba, cada nota. Velando y revelando.




La belleza

(Luis Eduardo Aute)

Enemigo de la guerra
y su reverso, la medalla
no propuse otra batalla
que librar al corazón
de ponerse cuerpo a tierra
bajo el paso de una historia
que iba a alzar hasta la gloria
el poder de la razón
y ahora que ya no hay trincheras
el combate es la escalera
y el que trepe a lo mas alto
pondrá a salvo su cabeza
Aunque se hunda en el asfalto
la belleza...

Míralos, como reptiles,
al acecho de la presa,
negociando en cada mesa
maquillajes de ocasión;
siguen todos los raíles
que conduzcan a la cumbre,
locos por que nos deslumbre
su parásita ambición.
Antes iban de profetas
y ahora el éxito es su meta;
mercaderes, traficantes,
mas que nausea dan tristeza,
no rozaron ni un instante
la belleza...

Y me hablaron de futuros
fraternales, solidarios,
donde todo lo falsario
acabaría en el pilón.
Y ahora que se cae el muro
ya no somos tan iguales,
tanto vendes, tanto vales,
¡viva la revolución!
Reivindico el espejismo
de intentar ser uno mismo,
ese viaje hacia la nada
que consiste en la certeza
de encontrar en tu mirada
la belleza…

jueves, 5 de febrero de 2009

Roberto Saviano: “No facio paura io, fa paura il mio lettore”

“No doy miedo yo, dan miedo mis lectores”, advertía el autor de Gomorra, libro del cual se han vendido 1,8 millones de copias desde 2006. Rodeado de seguridad, con el Saló de Cent del Ayuntamiento de Barcelona lleno y con una sala contigua habilitada para seguir su conferencia, Roberto Saviano (Nápoles, 1979) ponía voz a lo que todos sabemos sobre el crimen organizado y daba aliento al “sueño de resistencia” en una charla enmarcada en el festival BCNegra.

Sin afeitar, con camisa clara, ojeroso y con la mirada clavada en algún punto indeterminado entre el micro y la mesa, Saviano reseñaba la presencia criminal en España, advertía de los mecanismos de que dispone la mafia para ganarse el corazón de la gente con su épica y su imagen cinematográfica, al tiempo que denunciaba la falta de jurisprudencia internacional para luchar contra ella.

Sus ojos se dirigían al público en contadas ocasiones, justo en conjunción con sus labios cuando éstos pronunciaban las palabras ‘Nápoles’ o ‘resistencia’. Y es que para Saviano contar el mal de su tierra significa resistir, explicarlo es esperanza y “la única manera de superarlo”, él es de la parte sana y aclara que quien crea una imagen negativa de Nápoles son los que trafican o matan o extorsionan, no él escribiendo –describiendo- lo que ocurre.

Con el pulso del cronista, el temple que da la literatura y la pasión de la poesia, Roberto Saviano no vino a vender Gomorra o Lo contrario de la muerte, su último libro, ni a que lo arropasen los Mossos. Viene y va, pese a las amenazas de muerte, porque lo leen. Porque así resiste.

martes, 27 de enero de 2009

Boban Minic, dignidad y oficio

Boban (Slobodan) Minic tiene ojos de mar. Entristecen de pronto, se apasionan o cristalizan como la sal. Simas gris-y-azules, no necesita otra cosa para hablar. Nos abre la puerta de su casa y nos recibe como a compañeros, abriendo los brazos e indicándonos que no pasemos ni un minuto más a la intemperie. Nació en Sarajevo hace 58 años y lleva 15 afincado en Cataluña. Casi los mismos que hace que terminó la Guerra de Bosnia. Las paredes de su salón, color de atardecer, llenan el espacio de una vitalidad inusitada que contrasta con el abatimiento del derrotado. Minic tocó techo como periodista en Yugoslavia. Hasta que el director de los culturales radiofónicos de Radio Sarajevo perdió la voz, por trabajar más de 40 horas seguidas sin agua durante casi 1000 días en una ciudad cercada. La cocina americana está impecable. Fue entonces cuando siguiendo a su mujer, Edina, llegó a L’Escala. Y aquí sigue, entre montones de diarios –confiesa que de su etapa de periodista conserva la manía de leer 4 ó 5 periódicos diariamente-, las fotos de sus hijos y la tele puesta en el canal 33. El LíberPress que ganó en 2005 junto a Gervasio Sánchez en la chimenea, con otros reconocimientos y un dibujo enmarcado que le regaló un amigo yugoslavo, de esos a los que Minic ha perdido. Vive de recuerdos, dice. “Los recuerdos es lo único que tiene valor cuando pierdes tus raíces”. Casi nadie se quedó en Sarajevo, los intelectuales no tenían futuro allí y eran los que podían marcharse, así que lo hicieron.

Se declara anacional y ateo, y proviene de una familia auténticamente mixta, como lo eran casi todas antes de la guerra. Perdió a su hermana en el ataque del mercado de Sarajevo. Alguien reconoció su voz, era el entrevistador más grande de la radio –aunque él niega la mayor, y afirma que en la carrera de un periodista hay altos y bajos, y él vivía bien, para que negarlo, “pero en aquella época [antes de la guerra] todo el mundo vivía bien en Sarajevo. Era una ciudad con un espíritu abierto”. Sin embargo eso le llevó al exilio. “El pasaporte yugoslavo valía más en el mercado negro que el americano”, nos dice divertido. Hasta que llegó la guerra. Yugoslavia se desmoronaba. “La vida sigue”, siguió para algunos, para otros “vivos medio muertos, que se quedaron en los años de la guerra”, ya nada volvió a ser lo mismo. Su mujer y sus dos hijos, uno de pocos meses, llegaron a L’Escala después de un complicado viaje por Europa, y al cabo de un año y medio Boban se presentó ante su mujer chapurreando algo de español. Él ya sabía que no volvería nunca a Sarajevo. No volvería a “un país hecho sobre crímenes”.

Estaba dispuesto a todo por su familia, y ya en L’Escala, cambió los micrófonos por los carajillos. Se puso a trabajar en un bar que le permitió conocer el lugar y sus gentes. Sus hijos empezaron a competir allí: básquet, ping-pong… Mientras, Boban Minic combinaba la faena del bar con dar conferencias, y hasta se apuntó a sardanes para integrarse mejor. El virus del periodismo, sin embargo, es difícil de erradicar y desde hace cosa de un año colabora asiduamente con su rúbrica en El Periódico de Cataluña. Es, por cierto, uno de los que se ha salvado del ERE del Grupo Zeta y casi ni se lo cree. Este verano volvió a Sarajevo para vender su casa, solo ha vuelto un par de veces después de la guerra, visitas fugaces a la ciudad que ama. Quizá ya no vuelva nunca más. “Mi ciudad y mi país ya no eran los de antes, eso me ayudó a tomar la decisión de que iré y me quedaré allí donde mis hijos encuentren su hogar. Y lo han encontrado aquí desde casi el primer día. Yo ya sabía desde los primeros años aquí que esto sería para siempre”, sentencia. Humilde, nostálgico, al día de todo lo que ocurre en Bosnia-Herzegovina y conocedor de la historia y la política del lugar en el que le ha tocado vivir, con más artículos escritos de los que le piden en el Cuaderno del Domingo, si se aburre, escribe. Y, sobre todo, recuerda.


1. Boban Minic fotografiado en su casa en L'Escala.
2. Vista de Sarajevo con la biblioteca a un lado.

sábado, 3 de enero de 2009

De pelmazo, nada*

Gervasio estrena blog. Poco más que añadir a lo que escribió mi colega. Cuando se reúnen unos cuantos maestros del periodismo todos hablan bien de Gervasio, que si fue el primero en cruzar no sé que puente en la guerra de Yugoslavia, que si es siempre uno de los más valientes, que si sus fotografías son las mejores… Todos tienen razón. Es además un hombre íntegro -su trabajo lo demuestra-, “es mi oficio" se repite una y otra vez y dispara su Nikon o escribe a ritmo frenético sus Cartas desde Bagdad. Habla por los codos, pero se encontrará su esencia en lo que calla, en el silencio que provocan en uno mismo sus fotografías.

Sólo un ejemplo que resume su Vidas Minadas: “Las víctimas de las minas tienen derecho a la dignidad”, esto fue lo que le impulsó a llevar a cabo este proyecto durante más de diez años. La dignidad, el buen Periodismo. Gervasio Sánchez.

*Título directamente inspirado en el artículo de Pérez-Reverte, El pelmazo de Gerva



PS.: Seguimos sin noticias de José Cendón.

PSS.: Un día después de buscar noticias sobre el estado de las negociaciones, domingo 4 de enero: Cendón y Freeman (en la foto) han sido liberados.Foto extraída de The Huffington Post

sábado, 29 de noviembre de 2008

Que nos lo cuente José Cendón, pero pronto

“Menos mal” comento al leer que para el Ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, [la liberación de José Cendón] “sigue siendo una prioridad para su departamento", y una sonrisa entre maliciosa e incrédula se le escapa a mi compañero en antena. Sábado, 29 de noviembre. José Cendón, fotógrafo freelance y Colin Freeman, reportero del Daily Telegraph permanecen secuestrados en Somalia desde el miércoles y Exteriores admite que a fecha de hoy todavía no se ha puesto en contacto con sus captores.

Las negociaciones para la liberación de los periodistas se llevan a cabo desde Nairobi (Kenia), y -con suerte- la información también nos llega desde allí, a unos 2000 km de Bossaso, en Puntlandia (Somalia), donde fueron secuestrados los dos reporteros. Todavía no se conoce el paradero de los otros dos periodistas extranjeros -Amanda Lindhout y Nigel Brennan- que fueron capturados el pasado agosto junto al camarógrafo somalí que les acompañaba, Abdifatah Mohamed Elmi. Desde agosto.

El mayor riesgo lo asumen siempre los fotógrafos, como José Cendón, una prioridad para Moratinos, dada la agilidad de las negociaciones.

Sin querer sonar solemne, sólo un abrazo solidario de los que como Fran Sevilla “tenemos la esperanza entre los dientes”. Y que nos lo cuente él mismo, pero pronto.

jueves, 30 de octubre de 2008

Malalai Joya: “El silenci de la gent bona és pitjor que les accions de les males persones”

Sense passaport diplomàtic i passant clandestinament per Pakistan, Malalai Joya, diputada expulsada del parlament de l’Afganistan per denunciar als senyors de la guerra, arriba a la UAB. En un acte organitzat per la Plataforma Aturem la Guerra i amb la col·laboració de la Facultat de Ciències de la Comunicació i del Màster MIM, Malalai Joya desgrana la situació del seu país, s’oposa a l’ocupació militar i explica les raons de la lluita d’aquells que creuen en la democràcia i la veritat a l’Afganistan.

Intents d’assassinat, insults o agressions físiques no han aconseguit fer emmudir la veu de Malalai Joya. La seva és una història de rebel·lia i de superació. Políticament independent però defensora de la llibertat, la democràcia i la igualtat entre homes i dones -que va aprendre en els camps de refugiats que van provocar els conflictes amb la URSS i les guerres intestines-, assegura que “la situació de l’Afganistan avui, mai ha estat pitjor” i que per això, les tropes estrangeres haurien de deixar el país. I és que, reposada però vehement, Joya sap que la gent afgana té idees. La majoria de la població s’oposa al fonamentalisme dels més de 850 grups armats que hi ha al país i dels taliban, i que “si les tropes marxessin, l’Afganistan es lliuraria d’un dels seus problemes” indica Malalai. Però no de l’únic. El país de Malalai Joya ocupa el lloc 176 de 177 països en nivell de pobresa i produeix el 93% de l’opi que es consumeix al món. A més, l’ocupació militar capitanejada pels EEUU després de l’11-S, que va acabar amb el govern dels taliban, “ha portat –assegura Malalai Joya- el problema de la inseguretat, ja que es tracta d’una ocupació i no d’una alliberació”, en la qual es manté un estat de perillositat comandat per “una màfia” formada per l’Aliança del Nord –senyors de la guerra- “que col·labora amb les forces d’ocupació” i de les quals es nodreix econòmicament.

Joya ho ha tingut doblement difícil pel fet de ser dona i de ser crítica en un país on la violència masclista té proporcions epidèmiques i on la discrepància és un luxe que s’arriba a pagar amb la vida. “Més del 80% de les dones han patit algun tipus d’agressió, tan física com sexual”, assegura. I tot i que hi ha algunes associacions per la defensa de la dona, aquestes no reben cap ajuda administrativa i actuen clandestinament. La dissidència també porta problemes a l’Afganistan. Als mitjans de comunicació no hi ha lloc per la crítica, ja que estan en mans dels senyors de la guerra, la llibertat de premsa és inexistent i són tristament cèlebres els casos de periodistes empresonats.

Malgrat tot, no hi ha només criminals a l’Afganistan, “els intel·lectuals, professors i activistes” també s’esforcen per fer-se escoltar. “Ens hem d’unir per lluitar en aquesta batalla. Qui no fa l’esforç, ja ha fallat”, remata Malalai Joya.

Fotografia extreta de www.malalaijoya.com

lunes, 6 de octubre de 2008

Retazos de Bosnia-Herzegovina: Kravica

La Republika Srpska (República Serbia dentro de Bosnia) es una de las zonas más empobrecidas del país. Ocupa un 49% del territorio bosnio y en ella habitan mayoritariamente -pero no sólo- serbios. Este es el espacio que después de los acuerdos de Dayton se reservó/impuso -como todas las divisiones del país- con una mezcla de factores entre el autoritarismo y los intereses nacionalistas y/o históricos y económicos, a los bosniacos que se sentían -y se sienten-, serbio-ortodoxos.

Es mayoritariamente territorio serbio y se nota. Aunque las tres comunidades hablan el mismo idioma, aquí los carteles están escritos con el alfabeto cirílico (el que utilizan los serbios) y la zona está salpicada de asentamientos. Son poblados de módulos de madera establecidos a orillas de las carreteras, con las calles -o calle- sin asfaltar y a los que se accede por cañadas o desvíos de arena y hierba. En estos poblados viven los que lo perdieron todo.

De hecho, en Kravica, uno de estos asentamientos, sus habitantes explican que durante la guerra “los musulmanes quemaron el pueblo” y por eso los han tenido que reasentar en esta suerte de favelas nacidas de la guerra. Cuentan también que sólo cinco personas reciben ayudas de la Administración, 40 marcos bosnios (al cambio, 20€) al mes, en calidad y reconocimiento de refugiado de guerra. Estos poblados carecen de los servicios mínimos, no hay agua corriente y la fuente que abastece a todo el pueblo apenas gotea agua helada este verano. Con mucha paciencia una anciana del lugar rellena tres botellas de refresco en la fuente, al lado del río lleno de basura. Más allá los niños juegan y se dejan fotografiar, los más mayores lanzan a cámara el saludo chetnik, con los tres dedos en alza y el pulgar algo encogido. Parece que sólo existen ancianos y jóvenes -muy jóvenes- en este lugar. En la entrada de una casa, una peluquera corta el pelo por unos pocos marcos; en otra, una pareja muy mayor se emborracha con cerveza Jelen (la marca serbia por excelencia), un poco más allá un grupo de mujeres desenvaina judías y sonríe a cámara con los ojos serenos, como sabiendo que esa foto es necesaria. Entonces uno se da cuenta de que aquí las preguntas sólo las pueden hacer ellos. Y ocurre, ocurre el entendimiento con el otro. El milagro del Periodismo.

Collage con imágenes de Kravica


jueves, 2 de octubre de 2008

Fugaz e irresistible

Miguel Gil Moreno (Barcelona,1967 - Sierra Leona, 2000) era periodista vocacional. Como pocos. Necesario, fugaz, irresistible. Bosnia, Kenya, Congo, Zaire, Uganda, Rwanda, Liberia, Monrovia, Costa de Marfil, Kosovo, Chechenia, Sierra Leona, eran algunos de los lugares donde fijaba el visor. En el verano de 1993 vio algo por la televisión que le hizo tomar la decisión de irse a Bosnia. Eran las imágenes de unos francotiradores tiroteando a personas en un funeral. Él quería ver aquello. En moto llegó a Split, de allí a Mostar y más tarde a Sarajevo, donde burlaba el cerco para conseguir medicinas y alimentos para los más necesitados. Fue de los pocos periodistas que entraron en la más hermética Chechenia de los noventa y logró desenmascarar las mentiras del Kremlin con sus imágenes. Filmó también, las deportaciones de albanokosvares llevadas a cabo por las autoridades serbias durante la guerra de Kosovo, por las que obtuvo el premio Rory Peck. El premio Royal Television Society se lo concedieron en reconocimiento a su labor como mejor cámara y productor en el año 2000. A partir de entonces todos los reconocimientos fueron póstumos. Como el de ayer. Murió en una emboscada junto a su colega Kurt Schork. Premio Mohamed Amin en 2000, Luka Brajnovic en 2001. Ahora, se acaba de inaugurar en Barcelona la primera exposición sobre Miguel Gil y su trabajo. Lo necesario sigue siendo eso. Su trabajo, su mirada, su forma de entender el oficio. La Vitrina era un hervidero. Se brindaba con cava entre la mezcla de estruendos kosovares, africanos, chechenos. Se recordó a Miguel Gil con las palabras de Fernando Quintela en una voz extraña, ya que el veterano periodista excusó su presencia. Más tarde fue el turno de la familia. Patricia Gil recordó “la marca de Miguel”, eso que se quiere dar a conocer con esta exposición. Esa marca no es otra cosa que la honestidad y la coherencia, el valor con el que su hermano afrontaba ese oficio que aprendió sobre la marcha, en el campo de batalla.
"MIGUEL GIL MORENO: EL PRIMER D'ARRIBAR I L'ÚLTIM DE MARXAR"
En La Vitrina del fotògraf del Palau Robert (Passeig de Gràcia,107) hasta el 30 de noviembre.
Horario: De lunes a sábado, de 10 a 19h y domingos y festivos, de 10 a 14,30h.

[Más información en la Fundación Miguel Gil y en el libro de Manuel Leguineche y Gervasio Sánchez: Los ojos de la guerra]

Fotos de Miguel Gil extraídas de la Revista Esfinge.

lunes, 22 de septiembre de 2008

Retazos de Bosnia-Herzegovina: Medjugorje o el negocio de la religión

Medjugorje es un pequeño pueblo de la parte occidental de Bosnia-Herzegovina, cercano a Mostar. No tendría nada excesivamente de particular si no fuera por las supuestas apariciones marianas acontecidas en este enclave en 1981. Y es que a la Santísima-Virgen-María-Madre-de-Dios, como gustan llamarla en esta población de mayoría evidentemente católica -y por tanto, croata- le dio por revelar sus mensajes a seis niños de la zona, además de suscitar –presuntamente- fenómenos anómalos, como la danza del Sol, y curaciones milagrosas.

Hoy en día, Medjugorje es el principal centro de peregrinación católica de todo el país y recibe visitantes de todo el mundo, cosa que agradece la maltrecha economía de la zona -aunque precisamente la parte bosnio-croata maneje más dinero-. Aquí el peculio sale, entre otras cosas, del merchandising religioso. Por cada puesto de helados hay seis de artículos religiosos. Los escaparates están llenos de casullas, de vírgenes de yeso tipo píntesela usted mismo y de todas las medidas (algunas me superaban en altura), de abalorios, rosarios, estampas, pósteres, cuadros de Cristo en vaqueros o convencionalmente crucificado, fotos del Papa, cruces de madera, frascos de agua bendita de 25cl y camisetas con mensajes del tipo “On a mission from God”. Lo milagroso sería no quedar saturado.

Pero ya se sabe, hay que rentabilizar el negocio. ¿De qué serviría peregrinar hasta Medjugorje si no le llevamos a nuestra anciana madre una virgen para que la coloque encima del televisor? ¿Obtendríamos la salvación sin un póster del ungido que según como le dé la luz cambia de rostro?

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Retazos de Bosnia-Herzegovina: Mostar

Decía Camus que un modo cómodo de entablar amistad con una ciudad consiste en averiguar cómo se trabaja en ella, cómo se ama y cómo se muere. Antes de la Guerra de Bosnia (1992-95) en Mostar, capital no oficial de la región de Herzegovina, se trabajaba, se amaba y se moría sin preguntar por la nacionalidad o por la religión de cada cual. Hasta el 9 de noviembre de 1993. Ese día, la artillería croata dinamitó el símbolo de la ciudad, el puente de Mostar (Stari Most), que unía las dos orillas del río Neretva. Entonces se dejó de amar, se hizo imposible trabajar y se empezó a morir desesperada y frenéticamente al unísono. Eran los noventa en Bosnia-Herzegovina.

Hoy también se vive, se ama y se trabaja en esta ciudad, pero con menos prisa y más ausencias. La limpieza étnica –la separación por comunidades de la Federación de Bosnia-Herzegovina- se legitimó con los acuerdos de Dayton y los bosnio-croatas del oeste y los bosnio-musulmanes del este que habitan Mostar viven sin pisar el “otro lado de la ciudad”. En una terraza del lado croata, Maja una joven universitaria afirma que en toda su vida ha ido cinco veces al lado musulmán porque no se siente segura allí. Cabe recordar que Mostar contaba con 72.000 habitantes en el año 2000 y que en un paseo puede cruzarse la ciudad de parte a parte.

Se trabaja poco y mal pagado en Mostar, e incluso Maja llega a afirmar que hay que sobornar al empresario para ser contratado o poseer muchas influencias para conseguir un trabajo. Ocurre en todo el país. La mayoría del capital está en manos croatas, ya que los bosnio-croatas tienen doble nacionalidad y reciben ayudas del gobierno de la Republika Hrvatska (Croacia).

Sin duda, se ama en Mostar. Los matrimonios mixtos eran una realidad en todo el país antes de la guerra. Al fin y al cabo, todos comparten la raíz eslava, pero la jerga del país lleva a calificar de mixto algo que no merecería calificación alguna. En la actualidad, estos matrimonios son la excepción. La chica católica y universitaria afirma que si conociese a una “buena persona” se casaría con él “aunque fuese musulmán”, pero duda de que sus padres lo aceptasen. Y es que la influencia de los que vivieron la guerra todavía pesa mucho sobre sus hijos.

La muerte empieza a aceptarse como algo natural y no impuesto. Apenas ahora comienza a superarse entre un paisaje que la hace presente en cada parpadeo.

Cementerio de la mezquita

martes, 16 de septiembre de 2008

Retazos de Bosnia-Herzegovina: Srebrenica

Un ambiente de turbión cubre la ciudad. Casi se puede mascar el gris de las nubes. El aire parece de plomo en Srebrenica. El aliento sale al galope de mi boca a la atmósfera viciada de muerte del interior de la fábrica de Potocari. Un frío de otro tiempo eriza la piel en el semivelado de la habitación. Al fondo unos retratos apuntan al vacío. Encontraron sus relojes, sus carteras, sus pañuelos, sus pitilleras… Muertos antes de hora y hacinados en este lugar, son sólo unos rostros más en el anonimato de la muerte reglada.

Interior de la fábrica de Potocari


[Más información sobre lo ocurrido en Srebrenica en este reportaje de Ramón Lobo: Un infierno llamado Srebrenica].


viernes, 8 de agosto de 2008

CARTAS DESDE LOS BALCANES: TRNOVO

Trnovo, 7/08/08

En Trnovo, un pequeño pueblo situado en la Republika Srpska (República Serbia dentro de Bosnia) se encontró una fosa común de víctimas serbias hace poco más de una semana. Entre los muertos, se calcula que unos 108, se encontraron 10 miembros de una misma familia. Era la familia Vitkovic. Milena Vitkovic, que se refugió en Serbia durante la guerra, puede y quiere dar hoy su testimonio.

Milena asegura que en su pueblo de nacimiento murieron 23 personas en manos de los bosnios-musulmanes, además de los encontrados en Trnovo, lugar en el que vive ahora. Mientras sostiene la foto de su familia reencontrada, afirma que ahora por fin puede estar en paz porque tiene un lugar donde rezarles.
Se trata de una mujer de mediana edad, de tez morena y pelo corto, con un rostro enjuto, serbia y de gran hospitalidad. Milena trabaja en una asociación que quiere rescatar las fosas de los serbios, con la intención de demostrar, asegura Milena con vehemencia, que los serbios no fueron los únicos culpables de la guerra, ni los únicos que cometieron masacres. En este empeño, recibe ayudas de la Administración de la Republika Srpska y cuenta que alguna vez han trabajado en colaboración con el gobierno de la Federación de Bosnia-Herzegovina. En este punto, Milsa, la intérprete, asegura que las políticas de la Federación para con sus víctimas son mucho mejores y más efectivas que las de la Republika Srpska y que por eso, en parte, se les considera culpables de la guerra.
Al ser preguntada por la convivencia de los tres pueblos mayoritarios (croatas-católicos, bosnio-musulmanes y serbio-ortodoxos) Milena asegura que ya nada puede ser como antes de la guerra porque ya no confía en los bosnios-musulmanes. "He perdido demasiado", dice y por eso se deshizo de todas sus amistades no-serbias después de la guerra. A pesar de eso, cree que la mala gestión de los políticos fomenta la discriminación étnica. Radovan Vitkovic, su marido, se une a la conversación y aboga por la independencia de la Republika Srpska. Nostálgico de Tito, de Yugoslavia, Radovan Vitkovic cree que durante esos años se vivía mejor, había trabajo para todos y tenían de todo. "Ahora no tenemos nada", asegura. Y, además, no había razón para ningún conflicto porque durante el comunismo la ocupación era total. Se deduce entonces, que el problema de raíz era -y es- fundamentalmente económico, aderezado con la inefable pareja de religión y nacionalismo.
Hoy, Bosnia-Herzegovina tiene un 70% de paro, un gobierno rotatorio disfuncional y entre 700.000 y 800.000 minas antipersona repartidas por su territorio, además de deficiencias en la red de comunicaciones y transporte.
Sobre una posible incoporación a la UE, Milena y Radovan, aseguran que no se trata de una solución para su país y que preferirían una vuelta al comunismo; en cambio, Milsa, a punto de terminar la carrera, está deseando que Bosnia entre en la Unión Europea.

CARTAS DESDE LOS BALCANES: SARAJEVO


Sarajevo, 6/08/08
A primera vista Sarajevo parece la ciudad más triste del mundo. La capital de Bosnia Herzegovina, un país de superficie similar a la de Aragón, cuenta con tenues farolas que iluminan la mal llamada Avenida de los Francotiradores -parecida a la Castellana madrileña- y con edificios que todavía conservan las heridas de metralla, en recuerdo, quizá, de todo lo vivido y de lo que se perdió en esta ciudad. Resulta casi imposible no pensar en la guerra. Su famosa biblioteca, cerrada al público por peligro de derrumbe, sigue llena de cenizas, Davor, el intérprete, me comenta que nadie pone dinero para su reconstrucción.
Sarajevo es, tal vez, la ciudad donde la muerte es una constante. Los cementerios estan por todas partes, ya que durante el Asedio -que duró más de 36 meses y en el que murieron más de 12.000 personas- las víctimas coparon las zonas verdes de la ciudad. Pero esto es solo a primera vista. Poco a poco, con el "sabur" tradicional sarajevita (tranquilo, sosegado) se descubre una ciudad de una belleza única. Los campanarios, los minaretes, las iglesias ortodoxas, las sinagogas... comparten esta ciudad rodeada de colinas. Aunque fácilmente paseable para el visitante, el tranvía y el trolebús cruzan de parte a parte el río. En un momento puede estar uno tomándose un café turco entre alfombras persas en un bazar, y en otro instante, entrar en una iglesia con vitrales de Jesús bendiciendo la ciudad. Basta con caminar unos metros. Por no hablar de los nocturnos locales de jazz, donde tomarse una Sarajevska (cerveza típica), o los bares donde suena la música que suena en cualquier ciudad y que estan llenos de jóvenes. Esta mezcolanza, tantas veces maltratada, le da a Sarajevo un toque especial. Es sabido que la convivencia no es la de antaño, pero hoy Sarajevo ofrece una visión de si misma cosmopolita y esperanzadora.

Sarajevo desde el cementerio

miércoles, 30 de julio de 2008

Tres, dos, uno… ¡Sarajevo!

Martes 29 de julio de 2008

El ventilador mueve las páginas de los periódicos mientras ultimo los preparativos del viaje a Bosnia y Herzegovina. En la radio el boletín informa de que los servicios secretos serbios robaron pelos de Karadzic, acusado de genocidio y crímenes de guerra por el Tribunal Penal de la Haya, para cotejar su ADN. Dónde habré puesto mi maldito pasaporte. En El País se informa de que siete serbobosnios han sido condenados por genocidio. Releo las crónicas de los grandes, de cuando la guerra. Reviso sus fotos. Ayer vi Territorio Comanche, la película de Gerardo Herrero basada en el libro de Pérez-Reverte. Cuándo diablos me darán la acreditación de prensa. Cierro el enésimo libro sobre el conflicto de los Balcanes y juro no volver a ver una película de Kusturica en años. Tengo que acordarme de cargar las baterías de la cámara. Ordeno los recortes de prensa, desentumezco la Moleskine. Las reacciones a la detención del genocida se suceden, mi destino se pone cada vez más interesante. Debo contestar todos los emails antes de partir. Público afirma que Karadzic será extraditado en secreto. Casi se me olvida el chubasquero. Pienso en el trayecto Barcelona-Sarajevo, unos 3.000 km. Pienso en Bosnia, su guerra vio iniciarse al fugaz e irresistible Miguel Gil y retirarse o morir a otros, por no hablar del asedio a Sarajevo o del genocidio en Srebrenica. De eso hace ya más de 10 años. Ahora Bosnia y Herzegovina también quiere entrar en la Unión Europea. Dejaré la llave debajo del tiesto de los geranios. Prometo enviar crónicas, Cartas desde los Balcanes.

miércoles, 23 de julio de 2008

Madrid a 4 manos

miércoles 23 de julio de 2008

Hay ciudades que amamos sin tener una razón concreta, no hace falta haber nacido en ellas, ni tan siquiera haber pasado muchos días en sus calles. Basta a veces una esquina, un suburbio o sus contradicciones… Es lo que ocurre en la ciudad del No pasarán y del Vivan las Cadenas.
El otro día me comentaba un amigo –hombre de radio que me toma el pelo cuando ve a Gervasio Sánchez en La Vanguardia, que soluciona mis dudas existencialmente informáticas, que es capaz de encontrarme entre las 18.000 personas que llenan el Palau Sant Jordi para oír a Sabina cantando Mediterráneo (yo era la que no tenía pase de prensa), que comparte tertulias matutinas en la cantina de la Facultad (y que espero que me perdone que tantas veces prefiriera el incomprensible e incomprensiblemente marxista profesor de economía a su compañía cantinera)-. Ese amigo, decía, con el que comparto inusitados placeres en forma de Babelias atrasados, volvía el otro día de Madrid. Lo vi algo abatido por una transitoria despedida en Barajas, así que le dije que ya invitaba yo al Bombay. Porque ante todo, nosotros somos periodistas –Periodistas de ciudades en llamas, de Holiday Inn, del Raval y Las Ramblas y de exceso de adjetivación-. Sobre todo y más que nada en plan literario. Pero vamos, que lo que me comentó, superando su inicial decaimiento, fue que hay que ver con Madrid, vaya ciudad. Eso, me hizo olvidar mis eventuales preocupaciones -a saber, que un andamio sarajevita me caiga encima, por poner un ejemplo-. Y recordé la última vez que estuve en Madrid. Fue en invierno. No pasé nada de frío porque me acogió una amiga –esa que no se fía de mi objetividad y con la que comentamos los andares del sexo opuesto- en su confortable piso de Mar de Cristal (aunque más tarde, por motivos logísticos tuve que exiliarme en un hotel de Atocha alguna que otra noche). Si las tardes se ponían insoportables en el Retiro, me metía en el Prado y si amanecía –a la hora que suele amanecer para mí, algunos lo llaman mediodía- con ganas, subía la cuesta Moyano entre libros de viejos. Y andaba sin rumbo, como se debe conocer una ciudad. Pero, mi amigo, acaba de volver. Y ratifica que el Retiro, en verano y con El País del domingo, es la hostia. Además, justo pilló el Día del Orgullo, él siempre en el centro de la noticia. Y claro, no pudo más que hacerme una crónica en diferido: Resulta que era el dia del Orgullo [...] allò era un desfase brutal. Grups de tios amb tanga, gent que t'anava rozando amb la bandera arcoiris, tios disfressats de ties exhuberants, tios amb més pèl que tota la facultat de periodisme junta menjant-se la boca i tocant-se els genitals... En fi, va ser bastant impactant [...] i juntament amb l'agobio de la calor i la gent [...] vam tornar-nos a l'hotel. Yo me fío de su crónica porque aquel día no vi ni una sola imagen del desfile, ocupada como estaba tomando fotos bajo un sol que irradiaba a 41º grados en Barcelona. Además, todo el mundo ha visto cosas impactantes en Madrid, ¿no estaba la plaza Colón repleta de curas no hace mucho? Sí, la que después se llenó de gente de rojo.
En fin, que sí, le digo. Que Madrid está de puta madre, que todas las huidas pasan por Madrid, que qué lástima que esté abducida por la derecha, pero que bien se lo pasa uno, oye. “Sol, Preciados, Montera, Plaza Mayor, La Latina, Palacio Real, La Almudena, Plaza de España, Gran Vía, Cibeles...”, me dice. Y yo añado a las gordas de Botero, el Café Gijón, los museos, Callao, Lavapiés y ¿cuántos bares había en la Cava Baja? Insufrible e insustituible, como todas las ciudades que amamos.
-I tu quan marxes a Sarajevo?, me pregunta.
-A l’agost.
-Jo torno a Madrid d’aquí a tres setmanes.

Una buena noticia para el Periodismo (y una mala)

miércoles 23 de julio de 2008

Hace unos días terminó la Semana Negra de Gijón, un evento eminentemente literario, basado en la novela negra, esos relatos de nuestros días, en que se retrata la sociedad del crimen y que constituyen nuestra novela social. Sin embargo, durante la Semana Negra no solo se leen libros a orillas del cantábrico, también se pueden ver exposiciones de fotografía y disfrutar de conciertos y recitales de poesía en memoria de Ángel González, entre otras cosas. Es el fotoperiodismo, precisamente, la actividad que cada vez atrae a más gente. Y es que durante la Semana Negra, también se celebró el “12 Encuentro Internacional de Fotoperiodismo Ciudad de Gijón”, a la cabeza del cual se encuentra Javier Bauluz (premio Pulitzer en 1995). Bauluz huye de la etiqueta de periodista comprometido y tiene claro que lo que hace es lo que tiene que hacer, por eso rehúye pedestales y se considera un tipo normal. A finales de 2007 en Barcelona, Javier Bauluz afirmaba ante la periodista arribafirmante que “la cámara es mi cuchara, mi pincel y mi fusil” y que con la fotografía hay que dar luz a lo que ocurre. Siguiendo esta suerte de mantra, ahora nace el “Manifiesto sobre Periodismo y Derechos Humanos”, que está abierto a la adhesión y del que ya forman parte periodistas tan prestigiosos como Enrique Meneses.
Una buena noticia para el Periodismo.

(foto extraída de Periodistas en Guerra)


La mala noticia la expone en su blog el anterior citado, Enrique Meneses, echen un vistazo a los datos de la Federación Internacional de Periodistas, sobre los 171 periodistas muertos violentamente en 2007.

lunes, 7 de julio de 2008

En el occidente astur…

lunes 7 de julio de 2008


Uno puede levantarse bien temprano sintiendo en las rodillas la niebla apeada en el umbral. Puede desayunar con un dulce ‘orbayo’ –esa llovizna fina y fría que cala los sentidos hasta desperezarlos del todo-. Incluso, el viajero puede tomarse el vermú en una playa mordida a la montaña a pleno sol, sestear con un ‘nordés’ congelante batiendo las hojas de los ‘carbayos’ -robles- y cenar con las estrellas derramándose por la Vía Láctea a la luz giratoria de un faro. Es el occidente astur. (Hagan click aquí para leer el texto completo y ver las fotos).

PS.: Perdonen esta ausencia, me puse a escuchar las obras completas de Leonard Cohen y me acabo de despertar... soñando con tomar Manhattan y luego Berlín.

miércoles, 21 de mayo de 2008

Aviso

miércoles 21 de mayo de 2008

A los que no lo leyeron en primicia,

Versión íntegra de 'Instantáneas de La Habana' en Tu Aventura, página de ciberperiodismo de viajes.