Santiago Giraldo Luque y Cristina Fernández Rovira
Camino por la sala número uno del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB). Las fotos que cubren las paredes del espacio de exposiciones son, todas, del mismo color: blanco y negro. Es el único color que puede representar el drama de la desaparición forzada.
Gervasio Sánchez vuelve al CCCB, esta vez, con 103 fotografías y cuatro murales sobre los desaparecidos en Guatemala, Irak, el Cono Sur, Camboya, Bosnia-Herzegovina, El Salvador, España y Colombia.
La ambiciosa muestra, comisariada por la fotoperiodista Sandra Balcells, me acerca a salas que se caminan con escalofrío. Salas en las que debo contener mis lágrimas y que recorren las diferentes temáticas expuestas: espacios de tortura preparados especialmente para tan “necesaria” labor de inteligencia del régimen; monumentos a la memoria sobre las mismas labores para evitar su retorno; homenajes a quienes dejan su vida para buscar la vida –o la muerte- de ese ser al que han despojado de su lado y del que hasta pequeños objetos se convierten en tesoros y episódicos reflejos de esperanza; tragedias de la exhumación e identificación, y el drama, cuando la suerte se encarama y toca la puerta, de la devolución de los restos fúnebres de esos recuerdos convertidos en eso, en restos.
Bosnia es la siguiente estación. La limpieza étnica, las violaciones en masa y el genocidio son los tres principales crímenes de guerra ocasionados por el conflicto. Uno de los hechos terribles ocurrido durante el desarrollo de las acciones bélicas lo constituye la Masacre de Srebrenica en la que fueron asesinados más de 8000 bosnios a manos del ejército serbio, entre el 12 y el 19 de julio de 1995.
Pero a diferencia de los crímenes retratados por Sánchez en los países diferentes a Colombia, el drama del país suramericano tiene una característica agravante. Su particularidad obedece a la actualidad. Son los únicos casos expuestos que suceden en pleno siglo XXI, en pleno Estado democrático, social y de derecho. Quizás por eso, por su actualidad, como el caso de los falsos positivos, la necesaria memoria aún está, como los desaparecidos, por encontrarse.





