En Trnovo, un pequeño pueblo situado en la Republika Srpska (República Serbia dentro de Bosnia) se encontró una fosa común de víctimas serbias hace poco más de una semana. Entre los muertos, se calcula que unos 108, se encontraron 10 miembros de una misma familia. Era la familia Vitkovic. Milena Vitkovic, que se refugió en Serbia durante la guerra, puede y quiere dar hoy su testimonio.
Se trata de una mujer de mediana edad, de tez morena y pelo corto, con un rostro enjuto, serbia y de gran hospitalidad. Milena trabaja en una asociación que quiere rescatar las fosas de los serbios, con la intención de demostrar, asegura Milena con vehemencia, que los serbios no fueron los únicos culpables de la guerra, ni los únicos que cometieron masacres. En este empeño, recibe ayudas de la Administración de la Republika Srpska y cuenta que alguna vez han trabajado en colaboración con el gobierno de la Federación de Bosnia-Herzegovina. En este punto, Milsa, la intérprete, asegura que las políticas de la Federación para con sus víctimas son mucho mejores y más efectivas que las de la Republika Srpska y que por eso, en parte, se les considera culpables de la guerra.
Al ser preguntada por la convivencia de los tres pueblos mayoritarios (croatas-católicos, bosnio-musulmanes y serbio-ortodoxos) Milena asegura que ya nada puede ser como antes de la guerra porque ya no confía en los bosnios-musulmanes. "He perdido demasiado", dice y por eso se deshizo de todas sus amistades no-serbias después de la guerra. A pesar de eso, cree que la mala gestión de los políticos fomenta la discriminación étnica. Radovan Vitkovic, su marido, se une a la conversación y aboga por la independencia de la Republika Srpska. Nostálgico de Tito, de Yugoslavia, Radovan Vitkovic cree que durante esos años se vivía mejor, había trabajo para todos y tenían de todo. "Ahora no tenemos nada", asegura. Y, además, no había razón para ningún conflicto porque durante el comunismo la ocupación era total. Se deduce entonces, que el problema de raíz era -y es- fundamentalmente económico, aderezado con la inefable pareja de religión y nacionalismo.
Hoy, Bosnia-Herzegovina tiene un 70% de paro, un gobierno rotatorio disfuncional y entre 700.000 y 800.000 minas antipersona repartidas por su territorio, además de deficiencias en la red de comunicaciones y transporte.
Hoy, Bosnia-Herzegovina tiene un 70% de paro, un gobierno rotatorio disfuncional y entre 700.000 y 800.000 minas antipersona repartidas por su territorio, además de deficiencias en la red de comunicaciones y transporte.
Sobre una posible incoporación a la UE, Milena y Radovan, aseguran que no se trata de una solución para su país y que preferirían una vuelta al comunismo; en cambio, Milsa, a punto de terminar la carrera, está deseando que Bosnia entre en la Unión Europea.